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Opinión

¡Rebeldía, identidad y reacción!

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Escribe: Daniel Lazaro Rojas (@Daniellazaro26) / Foto: Selección Peruana

El de esta noche fue un partido difícil. Complicado. Duro. No jugamos bien. Colombia jugó el encuentro que quiso y Perú en gran parte del mismo se dejó someter. Nos costó horrores tener la pelota en el medio, asociar, manejarla, pasar de la defensa al ataque con rapidez.

Exageramos la tenencia en nuestro propio campo y el equipo de Pekerman aprovechó muy bien nuestras debilidades, nos cerró los espacios, defendió con todos sus hombres cuando hacía tarea defensiva, presionó y contragolpeó cuando había que hacerlo. No generó mucho, pero tuvo más la pelota en el primer tiempo y en pasajes del segundo, ello le permitió manejar el duelo con una clara ventaja desde lo táctico.

El primer tiempo se fue en silencio. Un Perú con ganas pero claramente superado por la labor táctica de Colombia. Para la segunda mitad había que arriesgar y nos costó bastante asumir nuestro libreto de localía, sobre todo cuando James Rodríguez anotó el primero, el Nacional enmudeció.

Con el ingreso de Yordy Reyna y posteriormente, Raúl Ruidíaz, el mensaje fue claro: “Arriesgar”. Y, el mérito de Perú estuvo precisamente ahí, con sus limitaciones se rebeló, revertió un escenario adverso. Superado ampliamente en el planteamiento, sometido, se hizo fuerte desde el amor propio, desde ese amor sincero por el Perú, desde el sueño de miles de peruanos.

Entonces, el corazón le sacó ventaja a la táctica y Paolo Guerrero se mandó con un golazo que nos devolvió a la vida, que hizo explotar el Nacional y llorar a todo un país. Con el gol nos convencimos, despertamos y fuimos hacia adelante. Los minutos finales fueron de infarto. Los demás resultados fueron nuestros aliados y el esperado final llegó. Algarabía, locura, porque después de tres décadas estamos realmente cerca de llegar al Mundial, el repechaje es la última batalla y debemos seguir en este camino para ganarla.

Si algo hay que destacar de Perú, eso es que aprendió a rebelarse, a pesar de ser superado, tiene la capacidad de reaccionar y levantarse aferrado a su identidad. Gracias querida ‘blanquiroja’.

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